martes, 15 de noviembre de 2011

Rescate de textos: Tenemos que hablar, amor

Para darle caña a esto una vez más, retomemos el rescate de textos antiguos. Trabajo me ha costado.


Tenemos que hablar, amor


De repente, todo ha cambiado. No sé por qué. Ni desde cuando. O quizás sí, pero no era consciente. Tal vez no quería serlo...me siento tan...vacía.


Últimamente, no quería pensar. Me daba miedo quedarme sola conmigo misma. Me inquietaba esa voz en mi interior, esa que decía algo que yo no podía entender. Ese run-run en el estomago, que me provocaba un malestar continuo que me impedía ser feliz. Feliz. No pido ser feliz. Pero sí estarlo de tanto en tanto. Y ya no me acuerdo de la última vez que lo estuve. Bueno, en realidad sí. Pero pensarlo, darme cuenta de que hace tanto tiempo de eso...me pone triste. Y muchas veces lloraba, sin saber el motivo. Ahora ya lo sé. Y duele. Mucho. Demasiado.


Lo miro, y no sé qué decirle. Él no ha cambiado. Es igual que cuando lo conocí. ¡Y al mismo tiempo es tan diferente!...¿he cambiado yo? Hemos cambiado los dos. Claro que lo hemos hecho: ya no siento que estar con él es una aventura continua. Y no es culpa suya. Soy yo el que piensa así. Él aún me mira de esa manera tan especial. Aún le brillan los ojos, cómo dos luciérnagas en plena noche. Quizás no brillan cómo cuando nos conocimos (¿recuerdas cariño? Siempre decíamos que si había un apagón bastarían nuestros ojos, mirándose, para alumbrar la ciudad entera. Y ahora sólo quedan un par de ojos. Los tuyos). Pero aún le brillan. Y siento que no puedo responder a ese fulgor. Lo intento, pero sé que no es posible.


Recuerdo aquella sensación tan plena que tenía al principio. De repente, veía la vida en colores, los colores más hermosos, con todos los matices posibles. Pero los colores han ido perdiendo intensidad, y todo se ha vuelto gris. Y yo quiero volver a ver colores. Volver a aquellos tiempos en que bastaba una mirada suya para sentirme reconfortada. Protegida. Aquel tiempo en que eramos invulnerables.


¡Tengo tantos recuerdos!: el primer beso...sentir que una parte de su vida pasaba a ser una parte de mi vida tan sólo con besarnos. Jugábamos a besarnos hasta que no pudiéramos aguantar más. En el tren, ajenos a las miradas de los demás, cuando me acompañaba a casa por la noche. ¡Qué importaba lo que pensasen los demás! No podían entenderlo. No eran nosotros. Ni jamás habían sentido lo que él y yo sentíamos. Pasaban las estaciones, y nosotros no nos separábamos, tan sólo la obligación de bajar en mi ciudad, en nuestra estación, hacía separar a nuestros labios. Y más de una vez mandaron ellos, ordenando que no bajáramos hasta otra estación. Ya cogeríamos otro tren. Lo importante era aquello que sentíamos cuando estábamos juntos. Y ninguna estación, ninguna mañana eterna por haber dormido poco era más importante que estar juntos, que besarnos hasta que estuviéramos saciados el uno del otro. Y nunca nos saciamos. Era mucho más corto el trayecto en tren que nuestros besos. Creíamos que la vida, cómo aquel tren, se nos quedaba pequeña.


¿Cuánto hace que no nos besamos así? Sí, ahora tenemos coche. Y aún hay beso de despedida en el portal. Pero la culpa no es del coche. En el coche también hemos sido felices. Somos nosotros los que ya no sentimos que algo nos obliga a no poder separarnos. Sí, amor, (ahora te hablo cómo si estuvieras aquí; quizás ensayar me da fuerzas para cuando lo haga cara a cara) ya sé que hemos crecido y que somos adultos. Pero si eso es ser adulto, quiero volver a sentirme una niña. Y no se trata de los besos. Ojalá fueran tan sólo los besos. Recuerdo aquellas tardes en que nos quedábamos callados, en cualquier bar, mirándonos a los ojos. En silencio. Nunca me he comunicado tanto con alguien cómo cuando nos mirábamos en silencio. Tú y yo. Era nuestro silencio. Un silencio especial. No había nada que decir, bastaba con mirarnos. Dios, voy a llorar. Ahora también tenemos nuestros silencios. Continuamente. Pero son incómodos. Los dos nos sentimos aliviados cuándo alguien se acerca, nos saluda, y sonreímos cortésmente, no tan sólo por educación, sino porque sabemos que nos acaban de salvar de otro de nuestros silencios. No te culpo por ello. Antes sentía que las cosas sólo tenían sentido cuando te las contaba, cuando las compartía contigo. Recuerdo aquella sensación que tenía cuando alguien me decía que era diferente, que yo era muy especial. ¡me lo estaban diciendo y ya pensaba en contártelo! ¿Por qué demonios no estabas allí, por qué esa persona no lo decía delante de ti? Que alguien me dijera que era maravillosa sólo me llenaba si tú lo escuchabas. Mi mayor ansia era que no dejaras de pensarlo ni uno solo de los segundos que estuvieras conmigo.


Ahora...no sé. Me encanta que me lo digan. Supongo que es lógico, ¿no? A todo el mundo le gusta gustar. Pero ya no pienso en ti. O sí. Pienso que me llena más que me lo diga cualquier persona que no me lo haya dicho nunca que el que me lo digas tú otra vez. Perdóname. Claro que me gusta que me digas que soy maravillosa. Pero me he acostumbrado. Me siento mal. Me siento mala. Pero es así. Me lo dices, con todo tu cariño, pero ya no siento que esa frase sea tan sincera cómo antes. Puede ser que lo sea. Pero ya no me hace sentir maravillosa. Quizás yo ya no soy maravillosa contigo. No puedo serlo. Antes sólo pensaba en ser maravillosa por y para ti. Ahora...


He de contarte una cosa, amor. Debí hacerlo en su momento. Pero no pude. Tenía miedo a explicártelo y, al hacerlo, darme cuenta de lo que se había roto en mi interior. ¿Te acuerdas de aquella noche que salí con mis amigas, en el cumpleaños de...bueno, ya sabes. Creo que tú también saliste con tus amigos. Fue una noche genial: la cena, la sangría, las copas...acabamos en un garito, teníamos ganas de bailar. Las solteras...te puedes imaginar. A vivir la vida. Yo me lo estaba pasando muy bien, me estaba divirtiendo cómo hacía mucho tiempo que no lo hacía. Pues, cuando estaba en la barra pidiendo una copa, se acercó un chico. Era atractivo, pero menos que tú. O de lo que tú me lo parecías cuando te conocí. Se acercó a hablar conmigo. Nada nuevo. Pues aquella noche, no sé por qué, no me mostré fría, al ver a un "extraño"... Me halagó que quisiese conocerme. Esa forma de mirarme...me hizo sentir especial. Charlamos, y noté que la atracción inicial hacia mí se iba transformando en algo más. Él ya no buscaba un polvo. O no tan sólo eso. Cuando se encendieron las luces, me miró. Temía que hiciese la pregunta. Pero la hizo. Si quería irme con él...


No, no llores. Nunca te haría eso. Pero quizás hubiese sido mejor. La tentación...despertó algo en mí. Al día siguiente, cuando quedamos, te abracé y te besé con toda la pasión que nos ha faltado en estos últimos meses. Me preguntaste que qué pasaba. Te dije si tenía que pasar algo para que te demostrase que te quería. Me sentí muy bien conmigo misma durante unos días. Había estado a punto de fallarte, a ti, que eres tan bueno conmigo. Y no lo hice. Pero...con el paso del tiempo, noté algo raro en mí. Soñaba con aquella noche. Ya lo dice Sabina (maldito Sabina): no hay nostalgia peor que añorar aquello que nunca jamás sucedió. Y yo añoraba haberme marchado con aquel tío. Pero me he dado cuenta que no se trata de aquel tío. Él tan sólo cumplió su papel. Estaba en el lugar adecuado en el momento adecuado. O mejor dicho: estaba en el lugar inadecuado en el momento inadecuado. Si esto pasa al principio, cuando empezamos a salir...me hubiese dejado indiferente. Estoy segura. Pero cariño...despertó algo. La nostalgia de mí misma, de sentir que soy especial para alguien y que eso me haga sentir especial. Salir de esta rutina en que se ha transformado nuestra vida.


La culpa no es de aquel chico. Ni tan siquiera recuerdo su nombre. Ya hacía tiempo que notaba algo raro en mí: ya no reía con tanta facilidad, ya no sentía, al levantarme a tu lado, que tocaba el cielo con las manos. Y aquella noche tan sólo fue el click, la espoleta que me obligó a hacerme preguntas a mí mismo. Me he dado cuenta que nada es cómo antes. Ya no siento lo mismo cuando hacemos el amor. Me gusta, claro que sí, tonto...pero ya no siento que mi cuerpo, mi mente y mi alma llegan a la paz total entre sí, que hacer el amor me lleva a la armonía contigo y con todo lo que nos rodea. Ya no me pongo nerviosa cuando me compro ropa y me la pongo por primera vez (¿le gustará?¿me verá igual de atractiva?). Ya no tengo ganas de estar a todas horas contigo, llueva o nieve, esté pletórica o enferma. Ya no...demasiados “ya no”. Demasiados para no darme cuenta de que ya no es lo mismo. Siempre pensamos que tú y yo eramos inmunes a los “ya no”. Pues amor, ya no lo somos.


No es fácil decirte todo lo que te estoy diciendo (todo lo que te diré). Sentir que formo parte de algo, que soy parte de un todo compuesto por ti y por mí, me ha dado fuerzas durante mucho tiempo. Cuando tenía un problema, sabía que tú ibas a estar para apoyarme en todo lo que necesitara. Sabía que no estaba sola que tú estabas ahí, conmigo, para escucharme, para abrazarme, para ofrecerme un hombro en el que llorar; siempre has tenido una frase que me levante el ánimo, una ayuda que todos necesitamos para sentir que no estamos solos y que hay alguien que no va a permitir que nos hundamos en los momentos bajos. Alguien que también va a compartir los buenos ratos, esos días en los que me siento dichosa, en que mi risa busca el eco de la tuya, saber que el que yo me sienta bien hace que otra persona (tú, cariño) también se sienta bien. Pero no puedo continuar esta relación por temor a la soledad, por la sensación de vértigo que me provoca imaginar que no tendré ese apoyo. Puede ser que pienses que soy egoísta por tomar esta decisión. Pero pienso que seguir adelante por miedo a sentirme sola, miedo a volver a ser “yo” y no “nosotros”, seguir engañándome (te) para poder tener la seguridad de que hay alguien ahí conmigo...eso sí que es egoísmo. Eso sí que es pensar solo en mí misma y no en ti. Sé lo que siento por ti. Y ya no es amor (al final, lo he dicho). Es cariño, aprecio, unión por las vivencias que hemos compartido. Pero ya no vibro. Ya no pienso que la gente nos tendría que envidiar por esto que tú y yo hemos creado. Y no puedo ser tan egoísta de no decírtelo tan sólo por lo que me aterroriza estar solo


Creo que, a estas alturas, deberías saber que he hablado con algunas personas. Amigos míos, algúna que otra amiga tuya y amigos de los dos. Y cuando pregunto si ellos nos ven tan enamorados como antes, si siguen pensando que tú y yo estamos escribiendo una historia de amor de película, recibo siempre un silencio. Un doloroso silencio. No de todos, claro. Hay gente que me dice que es normal, que con el tiempo todas las relaciones acaban así, que a ellos también les pasa...pero intuyo que dicen eso para sí mismos, para que ellos mismos se crean que esta “estabilidad” es inevitable y que hay que aceptarla. Pero yo no la quiero aceptar. Me da igual que ellos eviten cuestionarse su vida, su relación y hacia dónde van. Este vacío que siento no me va a dejar actuar como lo hacen ellos. Y les miro, y veo que yo no he deseado nunca tener una relación cómo la que ellos tienen. Y tú, lo sabes bien, tampoco. Tu serías de los amigos (esos amigos tan especiales de las que tan orgullosos nos sentimos) que me responderían con un silencio que duele. O que directamente me diría que nuestra historia murió hace tiempo, y que tan sólo la costumbre la ha alargado.


Tengo miedo. Mucho miedo. Miedo a hablar contigo, miedo de irme a dormir y despertarme, al día siguiente, en el día I de una nueva vida: la vida sin ti. Mi vida sin ti. Sé que vendrán malos momentos, que me arrepentiré mil veces, y que en esos momentos siempre tendré la tentación de llamarte y decirte que lo volvamos a intentar. Ya nos ha pasado otras veces. No siempre las cosas han sido de color de rosa entre nosotros. Pero esta vez noto que es definitivo; que me moriré de miedo pero que, cuando lo supere, sentiré que he tomado la decisión adecuada. Lo mejor para ambos. Espero que con el tiempo lo entiendas y que el dolor no impida que valoremos lo que hemos vivido... No puedo entender cómo soy sin tener en cuenta lo que hemos compartido. Soy lo que soy gracias a muchas cosas, pero una de las más importantes es nuestra relación. Espero que podamos ser amigos. Ya veremos si lo conseguimos.


Te quiero mucho, amor. Y siempre te querré. Hay lugares, olores, canciones...que siempre serán tuyos y míos. De nadie más. Un espacio de mis recuerdos, un lugar de mi corazón (“El lado oscuro del corazón”, ¿te acuerdas lo que nos emocionó ver juntos aquella película, tú y yo casi solos en el cine?) será siempre para ti. Espero que tú guardes uno para mí. Pero quiero volver a sentirme viva. Y pasar por este mundo sin vivir es como tener un accidente que te deja sorda e ir después a un concierto: puedes ver a los músicos tocar, ver a la gente divertirse y emocionarse...pero desde la distancia. Recuerdas lo que sentías cuando escuchabas un concierto, pero ya no lo puedes volver a sentir. Y necesito, deseo...poder volver a sentir. Vivir.

jueves, 29 de septiembre de 2011

No sé quién eres

Hace tiempo que me lo vengo preguntando. "¿Quién es ese hombre?". Ya no sé que contestarme.

Antes era distinto. Las risas y el buen ánimo eran típicos. Raro era el día en el que no bromeaba alguna vez conmigo. Pero desde hace un tiempo, todo es distinto. Las bromas se han perdido. No sé dónde están. No sé que sinvergüenza las ha robado y escondido en una caja fuerte. No sé quién te las cambió ni qué te prometió a cambio, pero has salido perdiendo. Tú, yo y todos. 

Ya no tenemos arrugas por reír y sonreír. Por estar todos juntos. Ahora las arrugas vienen por las lágrimas.

Sé que duermes cada día en mi casa. Sé que cada día te despiertas temprano y que eres lo primero que veo por las mañanas. Que cada día comes y cenas con nosotros, todos en la mesa viendo la tele. También sé que vienes a recogerme en tu coche rojo. Pero ya no te reconozco. ¡Joder que tú antes no eras así! ¿Qué te pasó? No recuerdo tu sonrisa. No al menos durante un día entero. Desde la depresión. Tú no eras así.

Al principio, pensé que esto pasaba de un momento a otro. Que igual que lo veías todo negro, pronto saldría el sol. No le eché mucha cuenta. Te pensaba fuerte. Pero no. Está durando más de lo que creíamos.

Tú no eres fuerte. Tú no eres ese hombre que de chico quería ser. Ese hombre que me enseñó casi todo lo que se. Quería ser como tú. Eras mi hombre de referencia. ¿Qué niño no querría ser como su padre? Pero yo a ti no te conozco. Ahora que lo entiendo todo mejor quería poder disfrutar de ti... pero es que ni tú mismo estás disfrutando de ti. 

No sé todavía cómo eres. A ti no te conozco. Yo no quiero ser como tú. No. Quiero ser como ese hombre que tanto se te parece físicamente, pero que nada tiene que ver con tu forma de ser. ¿Dónde está? Vuelve por favor. Por favor... vuelve pronto.

viernes, 10 de diciembre de 2010

Caminos y lideres

Cuando eres un renacuajo piensas que quieres ser cuando levantes algo más de un metro del suelo. Algunos sueñan con ser aclamados futbolistas, otros famosos actores. Mi camino era algo distinto. Me imaginaba como un fornido boxeador de calzón azul  y guantes rojos; esto es debido a la saga que protagonizó Silverster Stallone. Luego fui modelando mi camino y terminé deseando ser un juntaletras. En otras palabras, quería ser un periodista.

Ahora que rozo los 180 centímetros y he pasado los veinte años estoy al principio de mi camino. Es una carretera, llena de carteles que te indican la ruta a seguir. Carteles con las personas que han pasado por tu vida y te han ayudado a ser lo que eres. También están esas personas que fueron para ti un ejemplo a seguir. Esas personas que te enseñaron algo que te sirvió más adelante. Sé que hablaría de muchísimas personas y me dejaría en la cuneta a muchas otras.

Y el camino sigue adelante. Y sigue haciendo líderes.

Muchos sabréis que hace unas semanas iniciamos un grupo de locos un nuevo proyecto. Ambicioso. Ilusionante. Alocado. Pero nuestro. Llevamos 3 programas y el grado de satisfacción ha ido aumentando. Nos han llegado críticas positivas y negativas. Todas son alicientes a los que agarrarte y seguir adelante. No vamos a caer y vamos a intentar hacerlo cada día mejor. Ganas no faltan.

Y no faltan ganas porque tenemos en el grupo una cantidad ingente de líderes. De personas con una capacidad inmensa de trabajar, aprender, divertir... 

El Cajón de-Sastre






Nuestro mayor miedo no es que no encajemos. Nuestro mayor miedo es que tenemos una fuerza desmesurada. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad lo que más nos asusta. Empequeñecerse no ayuda al mundo. No hay nada inteligente en encogerse para que otros se sientan inseguros a tu alrededor. Todos deberíamos brillar como hacen los niños. No es cosa de unos pocos sino de todos. Y al dejar brillar nuestra propia luz inconscientemente damos permiso a otros para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo nuestra presencia libera automáticamente a otros...

miércoles, 3 de noviembre de 2010

32 + 32

Se me hace raro. Tú otra vez en frente de mí y 64 casillas ordenadas en filas y columnas de ocho en blanco y negro que nos separan. Me gustaría poder darte un abrazo, pero tus negras luchan contra mis blancas. Siempre he empezado yo y hoy no iba a ser menos.

Fuiste tú el que me enseñó este deporte, este arte. Sí, lo tengo muy abandonado. He jugado algunas partidas sueltas, pero nada más importante. Pero guardo el reloj que me diste, y el tablero y sus fichas siguen esperando la partida que tenemos a medias. Esa nunca se me olvidará.

Caballo blanco a F3. Poco tengo que ver con lo que hace tiempo te conté. Poco sigue siendo lo mismo, al menos en mi vida. Ya soy casi periodista y ejerzo más que nunca como comunicador. Las cosas deberían torcerse mucho para no conseguir mi objetivo. Caballo negro a F6. Tengo mi propio portal de Internet, y nos va más o menos bien. Y cada vez más estoy en la radio, ese medio que no me gustaba mucho al principio. Peón blanco a C4.

Peón negro a G6. Te veo concentrado en la partida. Si no te importa, te seguiré informando de lo que hay por aquí. Caballo blanco a C3. Además de periodista llevo cuatro años como entrenador de baloncesto. Si no puedes seguir jugando, al menos intenta enseñar. Alfil negro a G7

Peón blanco a D4. Pero bueno, dejemos de hablar de mí. Hay una nueva persona en la familia. Se llama Emma. No creo que tenga que hablarte mucho más de ella. Enroque de Rey negro. Tiene todos los ojos de la familia encima y tiene la suerte de contar, como todos nosotros, con alguien que la cuida desde ahí arriba. Seguro que sabes tú más de ella que yo. Alfil blanco a F4.

Peón negro a D5. La otra enana ya ha dejado de ser una enana. Al menos ha dejado de ser la enana de la familia. Reina blanca a B3. Ahora es una adolescente; todavía le falta mucho para ser una mujer. Peón negro a C4. Pero cada día es menos niña. Y cada día te echa más de menos. Reina blanca a C4. Te propongo una cosa. Si gano vuelves. Se te echa mucho de menos por aquí. Esta vez llegamos hasta el final. Nada de dolores de cabeza. Peón negro a C6. De esta no que escapas, "calvito".

Peón blanco a E4. También te echa de menos tu hija pequeña, que ya se nos casó. ¡Quién lo diría! Casada y felizmente casada. Con una vivienda que parece más una mansión. Seguro que donde estés, estás orgulloso de ella, aunque fueran muchos los gritos que os intercambiarais a menudo. Caballo negro a D7. La mediana es la más parecida a ti. Carácter Rodríguez. Raro es el día que no se acuerda de ti. Algo bueno tuviste que hacer cuando dejaste tanta huella. Torre blanca a D1.

Caballo negro a B6. Creo que te voy a contar algo que ya sabes, pero de unos años hasta aquí tenemos la costumbre de cenar en fin de año todos juntos. Reina blanca a C5. Ningún Rodríguez cena por separado. Parece mentira, sí. Pero ahí los tienes. Despidiendo y recibiendo el año juntos. Alfil negro a G4. Tú no tienes silla, pero estás en el corazón de todos.

Alfil blanco a G5. Bueno, siendo sinceros esta Noche Vieja la pasé a varios kilómetros de esa casa. Se hace raro, bastante. Con lo casero que soy. Caballo negro a A4. Toda la noche con un pellizco en el estómago. Comí poco, no entraba nada. Estaba por Huelva, con mi novia. Si gano y vuelves, te la presentaré. Reina blanca a A3. Se llama Bárbara y es otra fanática del baloncesto. Una nieta postiza nueva. Caballo negro a C3. También tienes un nieto postizo. Tiene mi edad y está intentando llevar a la enana por buen camino. Peón blanco a C2.

Caballo negro a E4. Verás cuando le cuente a todo el mundo que te he ganado. Y lo mejor: ¡que vuelves! ¡La abuela va a estar dando saltos de alegría durante varios días! Alfil blanco a E7. Sigue pensando que cualquier día vas a entrar por la puerta. Reina negra a B6. No ha sido capaz de cambiar el chip, de dar un paso adelante y afrontar lo que sucedió. Alfil blanco a C4.

Caballo negro a C3. Lo que pasó era algo que todo el mundo veía como algo normal. Todo el mundo lo esperaba, pero a todo el mundo nos pilló con el paso cambiado. Alfil blanco a C5. Un día normal deja tu vida no tan normal. Esas pilas dejaron de funcionar. Pero es que ellos no sabían que no era que las pilas estuvieran gastadas, sino de falta de batería. Torre negra a E8, jaque.

Rey blanco a F1. ¿Sigues dando esos paseos infinitos? Alfil negro a E6. Cada  vez que paso por alguna de las calles que pisé contigo, me acuerdo de ti. De tu olor. De lo suave que tenías la cabeza. De tu boina que tantas veces me puse. Alfil blanco a B6

Alfil negro a C4, jaque. Me afeité por primera vez con tu maquinilla. Estaba algo rota, pero tampoco había mucho pelo que cortar. Era el típico mostacho que aparece en la pubertad. Era la novedad. Rey blanco a G1. Ahora es una necesidad: de no afeitarme a diario, tendría barba. Algo descuidada, sí. A ninguna mujer de la familia le gusta. Caballo negro a E2, jaque.. 

Rey blanco a F1. El otro día estuve ordenando o desordenando el cajón de mi escritorio. Y aparecieron elementos por doquier: desde una brújula hasta el mando de mi vídeo antiguo. Hubo un objeto que me hizo ilusión encontrar. Caballo negro a D4, jaque. Era uno de tus monederos negros. Yo quería ser como tú y tenía uno. Dentro apareció una foto tuya de carnet algo vieja y mi carnet de Scout. Rey blanco a G1

Caballo negro a E2, jaque. Dos objetos sin nada que ver el uno con el otro, pero que los dos sabemos que tienen relación. El sábado antes de cambiarte de casa, fuimos desde mi casa al local en el que todos los fines de semana me reunía con ellos. Rey blanco a F1. No funcionaba el coche y tú fuiste el automóvil que me llevó allí. Tantos momentos que recordaré ese sábado... Caballo negro a C3, jaque

Rey blanco a G1. Todos los años en los que no has estado, he trabajado para que el lugar en el que estuvieras, pudieras señalarme y decir que estabas orgulloso, que era sangre de tu sangre, que era tu nieto. Peón negro a B6.. Sé que en gran parte de las ocasiones no lo he hecho. Que he actuado mal. Espero que aún así no te hayas avergonzado nunca de mí. Reina blanca a B4.

Torre negra a A4. Veo que no estas para nada desentrenado. Mi tío y tú os pasáis las horas jugando y jugando ¿no? Reina blanca a B6. Los dos nos habéis dejado solos por aquí. Y él el día después de mi cumpleaños. ¿Qué te parece si los dos volvéis si te gano? Caballo negro a D1.

Peón blanco a H3. Me gustaría poder hablar largo y tendido contigo de toda la familia. Pero quizás más que informarte, hago lo contrario. Además, ¡vas a volver! Torre negra a A2. Podrás ver como han pasado los años y lo que han cambiado todos. Rey blanco a H2.

Caballo negro a F2. Mientras terminamos la partida, cuéntame como se vive sin vivir. Torre blanca a E1. O mejor aún, ¿por qué decidiste irte? Torre negra a E1. Lo dejaste todo bien atado para irte justo en el momento. Reina blanca a D8, jaque. Ni antes ni después. Alfil negro a F8. Un plan perfectamente trazado. Caballo blanco a E1.

Alfil negro a D5. Dejaste a la abuela cerca de mi madre y te fuiste tranquilo, sabiendo que todo quedaba en buenas manos. Caballo blanco a F3. Tan tranquilo que lo hiciste en la cama, buscando el descanso que durante toda tu vida te había sido esquivo. Caballo negro a E4.

Reina blanca a D8. Creo que esto es el fin. Peón negro a B5. Que aunque quiera ganarte, no voy a poder hacerlo. Peón blanco a H4. No puedo intentar cambiar la situación actual. Peón negro a H5. Todo tiene un motivo. Caballo blanco a E5. Nos guste más o nos guste menos, es así. Rey negro a G7. Ley de vida. Rey blanco a G1.

Alfil negro a C5, jaque. Es la ley más longeva y la más protestada. Rey blanco a F1. Sé que nunca ganaré. Caballo negro a G3, jaque. Que la partida acabará y este relato sólo será papel. Alfil negro a B4. ¡Y ahora no va a llegar si quiera a eso! Rey blanco a D1 Que únicamente existes sin cuerpo. Alfil negro a B3, jaque. Pero a la vez existes en todos. Rey blanco a C1.

Caballo negro a E2, jaque. Lo único real es que ya no estas entre nosotros y que la realidad siempre nos alcanza. Rey blanco a B2. Aunque deseemos cambiarla mil y una vez... Caballo negro a C3, jaque mate.



lunes, 1 de noviembre de 2010

Libertad de expresión ¿para qué? (I)

Un gran poder conlleva una gran responsabilidad
(Peter Parker)

Sé que el inicio, la cita escogida quizás no es la más seria. Pero seguro que es la más conocida. Y como para que el mensaje llegue, hay que tirar el listón intelectual. La ESO, es lo que tiene. Así que habrá que citar a una persona mundialmente conocida, como Spiderman, para introducir el tema que ya adelanté hace varios días.

La juventud actual está, quizás, ante la etapa con más derechos y libertades de la edad contemporánea. Derechos y libertades que día a día están siendo mal usados. Libertad y derechos que no tienen consigo las responsabilidades necesarias. Por cosas así, ¿para qué querer libertad de expresión? ¿y de opinión? si todo lo que conectan tus neuronas o expulsa tu boca no tiene un tinte rojizo, ni tu opinión es válida, y muchos menos dices cosas con coherencia.

Quizás tienes suerte, y te escuchan. A lo que te contestarán automáticamente con: "inculto" o "dices cosas sin sentido". Siguiendo con las probabilidades, es posible que tu interlocutor tenga algo más de cultura, pero algo sesgada y nada más poner un punto y final a tus palabras, te espete un "facha". 

Socialmente está bien visto que te declares votante del PSOE. Eres la repera, si das tu voto a IU. Si votas a PP o a cualquier partido de derecha, es que eres un fascista. Si apoyabas a McCain, eras el diablo; molaba ser pro-Obama.

Con todo esto, ¿para qué queremos libertades? Es una pequeña dictadura social. Dejamos a un lado, al menos la gran mayoría, a aquel que piensa de forma distinta y que utiliza argumentos que nos rompen los esquemas. Si piensa distinto a nosotros, su pensamiento no vale. Eso sí, yo comulgo con la libertad de expresión y de opinión. La libertad que habla sobre poder pensar libremente sobre política, también me parece correcta; siempre que no pase de la izquierda. Sólo izquierda o extrema izquierda. Esta última, la extrema, es prima hermana de la otra extrema, la derecha.

¿Y todo esto a que viene?  Míralo por ti mismo. Libertad de expresión para mí, pero no te dejo escuchar. 

De todas formas, en la Facultad de (des)Comunicación de Sevilla, hay casos más llamativos. Como aquel que protagonizó de forma involuntaria Iñaki Gabilondo. Cuando se proponía a terminar su conferencia en los actos de celebración de los 20 años de Canal Sur, apareció por el patio de butacas un caballero que agarró el micrófono y se aseguró de ser una de las preguntas al locutor y presentador. 

Después de no estar presente en la sala, primero se le deja pasar y más tarde se le da permiso a que pueda formular una pregunta, a todas luces innecesaria, pues se remontaba a la cobertura que se le dio desde la SER a las manifestaciones contra la LOU, y lo poco escuchadas que estaban siendo las nuevas anti-Bolonia. Mientras era respondido, buscaba el compañerismo de los que estaban a su alrededor. Pero el resultado fue indiferencia. Siguió preguntando, con un objetivo que no encontró. 

Si buscas resultado, desde mi humilde opinión, primero escucha. Libertad para ti y para todos.

martes, 26 de octubre de 2010

De axiomas, redacciones y trabajos

Quizás el tema de este post no gusta a algunas personas. Pero bueno... Sí, todavía me queda una entrada de Rosa Díez

El otro día en clase, volvió a salir el manido tema periodístico: "la cosa está mu' mala". Vale. Hay muchísima demanda para muy poca oferta. Muchos licenciados y no licenciados para pocos puestos de trabajo. "La gente termina la carrera y se va al paro". Quizás puede ser por su poca formación, sus pocas inquietudes durante la carrera o sólo Dios sabe qué. Pero hay un número ingente de alumnos que estudian Periodismo por pensar que van a tener empleo una vez terminada la carrera, sin esforzarse. Craso error

Parece raro, si. Pero no es raro hablar con un recién licenciado y expresar que la cosa está muy mala. Que no hay tanto trabajo para tantos trabajadores... ¿Has buscado trabajo? Y es aquí cuando sus palabras se silencian. Agacha la mirada, guarda sus manos en el bolsillo y susurra un leve "no". Si ha buscado, no ha sido lo suficiente. Estudias Periodismo, y quieres ser periodista; pero un licenciado en Periodismo puede trabajar en más puestos de la rama de comunicación que no sea ser periodista. Sin embargo, eso es lo que todos quieren y que algunos esperan que les venga a su casa. Claro, el anuncio sale del periódico y se presenta en tu casa.

Si el estudiante en cuestión te responde que sí, que lo ha buscado y que lo ha encontrado llega al otro gran problema. "Hay trabajo en XXX pero el sueldo es de becario, o en prácticas y no quiero ser un mileurista". Flojo y tonto. ¿Qué has hecho para entrar en una redacción y ser ya un redactor no "explotado"? Es más... ¿sabes que ser periodista requiere dedicación, constante actualización, sacrificio y otras tantos conceptos que no casan con la descripción de flojo? 

Podemos seguir con las distintas clases. Ya hemos analizado por encima al alumno que espera que el trabajo le llegue a casa. Luego pasamos de soslayo, mejor no ahondar en el tema, por el alumno de naturaleza flojo que quiere trabajar 2 horas y cobrar 1.000 euros por cada 60 minutos. Es aquí cuando podemos hablar de uno de los axiomas de la raza humana; para mí el primero.

"Conseguir el máximo beneficio personal con el mínimo esfuerzo individual"

No sabes escribir, ¿pero lees? No. No sabes como gestionar recursos en Internet, ¿pero te formas? No. No sabes narrar o comentar un partido en radio, ¿pero entrenas? No. Todo eso requiere esfuerzo, dedicación, sacrificio... Es mucho más fácil protestar. Preguntar por qué no te llaman. ¿Eres conocido por tu trabajo u otra cualidad positiva? Pues claro, a la hora de comer en tu casa.

Está claro que la cosa puede estar más o menos complicada. Pero sentado no haces nada. "Época de crisis, época de oportunidades". Y las oportunidades no van a venir a ti. Debes buscarla. Moverte. Formarte. Mejorar...

Llegará quinto, y el que está aquí no irá al paro. No sé lo que harás tú.

viernes, 22 de octubre de 2010

Libertad de expresión ¿para qué?


"Rosa Díez venía buscando la foto entre empujones y se ha encontrado una protesta pacífica"

Una protesta pacífica, pero con insultos. Pedimos libertad de expresión, pero no dejamos hablar. Pedimos, pero no damos. Eso, no lo han puesto. Al final parece que los fascistas dejan hablar, pero los extremadamente liberales son incapaces de conceder lo que pide, por lo que se manifiestan, por lo que luchan... Y esto, lamentablemente es lo que tenemos que aguantar.


(Continuará...)